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¡CONOCE A TU PROFE! // Dra. Francisca Hernández, profesora responsable del NUEVO Curso "El ser humano y la exploración"

 

Prof. Fca. Hernandez apaisado                                                                                        

 

"Todo parte por una capacidad de asombro, por una curiosidad y por una perplejidad ante un mundo que amerita ser desvelado". Dra. Francisca Hernández, profesora responsable del  

Nuevo Curso “El ser humano y la exploración”

-Filosofía UC-

 

El Instituto de Filosofía UC impartirá este 2018 tres nuevos  cursos, entre ellos el Curso El ser humano y la exploración, el cual tiene como propósito fortalecer la comprensión y la reflexión del fenómeno de la exploración humana, y que se realizará entre el próximo lunes 13 de agosto y 10 de septiembre, en Campus Casa Central UC.  

 

A continuación te presentamos al equipo docente del curso, junto con una breve entrevista realizada Francisca Sofía Hernández Busse, profesora responsable del curso.

 

Para revisar + informaciones sobre el curso, ingresa AQUÍ

Para acceder al portal de inscripción, ingresa AQUÍ.

 

 

¡CONOCE A TU PROFE!                                                                                                      .

 

Prof. Fca. 1x1

Dra. Francisca Sofía Hernández Busse es Licenciada, Magister y Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile con una tesis sobre el concepto de "historia" en el pensamiento de Martin Heidegger. Además de contar con publicaciones en revistas indexadas, es escritora (en 2017 publicó la novela histórica "León Bávaro. Las peripecias de un soldado de Napoleón"), columnista y correctora de estilo de las Revistas Escalando y Endémico. Montañista del Club Alemán Andino (DAV), ha realizado varias excursiones y cursos (montañismo básico, progresión en glaciar y auto-rescate en grieta, escalada en roca, polipastos y primeros auxilios en zonas agrestes). Dentro de sus recorridos y ascensos se encuentran el Cerro el Plomo (5.427 m), cerro Leonera (4.954 m), seis idas al cerro Pintor (4.200 m), cerro Alto del Peñón (3.882 m), Volcán Puyehue (2.240 m), Volcán Mocho en modalidad invernal (2.422 m), casi cumbre del cerro San Gabriel (3.125 m), excursiones por El Chaltén en la Patagonia argentina y el glaciar Loma Larga a 4.200 m), entre muchos otros recorridos 

 

La filosofía es el “espacio de libertad” donde pudo conjugar sus diversos intereses: la historia, la literatura, el deporte… Viene de una familia alemana en la que la exploración siempre estuvo presente. Llegó al trekking, la escalada y el montañismo en su vertiente más técnica, cuando estaba en búsqueda de nuevos ejercicios. Ahí descubrió su potencial filosófico, y desde entonces se dedica a explorar y fomentar la cultura de montaña en Chile. Su objetivo es concientizar para incentivar una práctica reflexiva de la exploración, que sea respetuosa con el medio y sirva como herramienta para el propio crecimiento.

 

Su curso se propone pasar revista a la historia de las grandes exploraciones y reflexionar críticamente acerca del modo de explorar hoy en día.

 

 

Hay, o parece haber mucha cultura de exploración en Chile. La gente sube cerros, hace trekking…

Está de moda, sin duda, y de hecho se ve en las propagandas de los teléfonos, de los autos, etc. Las marcas lo usan para vender aventura, adrenalina. Por un lado, es bueno porque al dar a conocer la belleza natural también se puede dar la opción de que la gente valore el medio ambiente, lo cuide. Como decía Santo Tomás: hay que conocerlo para amarlo. El lado malo es que como ha sido muy rápido, muy precipitado -porque hace 15 años eso no era así- y han aumentado los accidentes. Algunos creen que es llegar y salir, y no es así. Hace falta cultura de montaña. El 70% de Chile es relieve montañoso; sin embargo, hay escasas referencias en la educación chilena acerca de cómo desenvolverse en la montaña, qué precauciones tomar, cómo ser prudente, a quién llamar en caso de emergencia… No hay cultura de montaña. Ni siquiera los glaciares están protegidos por ley. Mi idea es contribuir un poco a eso, tomar conciencia de que nuestro país es montañoso y que es parte de nuestra identidad. En este sentido, hace años que doy charlas acerca de las medidas que hay que tomar en toda excursión: por ejemplo tener siempre alguien en la ciudad que sepa a qué hora uno salió, a qué hora pretende volver, tener un calendario fijo, consultar el clima, son cosas súper obvias y, sin embargo, la gente no lo hace.  El cerro Manquehue es el cerro con más accidentes en Chile, y es un cerro que no es alto, no hay mal de altura, no hay frío excesivo, la nieve no se acumula, pero está de moda. La gente se pierde, sube tarde para ver la puesta de sol, oscurece y no pueden bajar…

 

¿Qué otra intervención es posible a nivel público?

Hace un tiempo que se ha prometido una ley de glaciares, pero lleva durmiendo en el congreso mucho tiempo. La anunció el gobierno anterior y ahora el de turno, y no pasa nada. Y mientras tanto, por un lado, los glaciares se derriten y por el otro, son destruidos por las grandes mineras. Y eso que son nuestro reservorio de agua. Santiago está cada vez más seco, cada vez hay menos agua, entonces ¿conviene acelerar la destrucción de los glaciares?

Otra de las luchas es el tema de la prohibición de las montañas. Hay montañas que son privadas y no tienen libre acceso. Uno se pregunta ¿no debería ser patrimonial la cordillera de los Andes? Por ejemplo, para acceder al volcán Maipo es necesario tramitar un permiso con Gasco, la empresa de gas, o subirlo por Argentina, que al final es lo que hace gran parte de la gente. Entonces no puede ser que uno de los volcanes más altos e insignes de nuestra región esté restringido a los chilenos. La respuesta de Gasco, y en eso algo tienen razón, es que ellos protegen el lugar, evitan que la gente llegue a rayar, a botar basura. Es verdad que es un punto válido porque en la medida en que las cosas se masifican, se estropean. Pero vuelvo al primer punto, si damos a conocer esto, la gente tiene la oportunidad de amarlo. Y al amarlo, se puede cuidar.

 

¿Qué hay de filosófico en la exploración de montaña?

La exploración parte por un arranque que es la inquietud vital de la persona, es el no conformarse con un “así están las cosas”. Esa sed de descubrimiento es lo que a mí más me impresiona en los grandes exploradores de siglos pasados, y que también veo en cierta medida en la filosofía genuina. El filósofo genuino no es el que está encerrado en la biblioteca, es el filósofo de la naturaleza, es el peripatético (peripatos), el que salía a caminar como Aristóteles, el caminar en torno al mundo circundante que es objeto de nuestro análisis. El explorador en eso es muy filosófico: todo parte por una capacidad de asombro, por una curiosidad y por una perplejidad ante un mundo que amerita ser desvelado. Entonces, en ese sentido, es una filosofía muy genuina, muy griega, muy presocrática. Hay un mundo que es misterioso, que nos inquieta, que nos remece, que nos enfrenta también a nosotros mismos, y ahí podemos introducir a Heidegger también, los grandes misterios de la vida nos dejan absortos y no hay ninguna explicación científica que nos satisfaga, todo queda corto, por lo tanto hay que salir a las calles, y eso hace el explorador, sale a buscar, y en esa búsqueda se encuentra a sí mismo, empuja sus límites, y como las circunstancias son desfavorables, hay un clima peligroso, hay un relieve que a uno lo pone a prueba, le demanda respuesta, le exige un cierto comportamiento para sobrevivir, y en esa demanda de respuestas o en esa problematización de la existencia el explorador se va conociendo a sí mismo, porque va viendo de qué es capaz y que no, cómo puede obrar y cómo no, porque aquí se vive o se muere. Yo lo veo como un viaje existencial, profundamente filosófico, porque es hacerse cargo de uno mismo, es una versión absoluta de lo que es ser responsable. Por eso los exploradores veían en las montañas un símbolo de libertad, en las montañas o en el desierto más grande del mundo que es la Antártica por ejemplo, ahí todo redunda en las decisiones que yo tome, si yo vivo o muero depende de eso, de cómo me tenga a mí misma.

 

Eso parece describir más la exploración de los conquistadores de antaño. ¿Cómo se relaciona con la exploración que se hace hoy en día, que parece tener un carácter más de esparcimiento?

Bueno, a lo que quiero apuntar con el curso es a revisar las grandes historias de la exploración, por eso el módulo trata primero sobre el Ártico, luego sobre la Antártica, sobre el Himalaya y, finalmente, sobre la exploración patagónica que, como chilenos, nos incumbe y podríamos decir que es uno de los últimos lugares que todavía quedan por explorar. Entonces, a lo que quiero apuntar es al principio de la exploración en esos cuatro campos; después obviamente como somos filósofos hacer una reflexión crítica sobre eso, y ahí el punto que señalas tú de tomar esto como esparcimiento, como pasarla bien: quiero ponerlo como objeto de análisis crítico. ¿Cómo estamos tomando hoy en día nuestras posibilidades de exploración: como un mero consumismo de parques nacionales, como la selfie que subo al Facebook, como validación social o una forma de subirme la autoestima? Mi idea es también poder lograr que el alumno vaya viendo esos temas conmigo, que cuestione la forma en que accede a ese ambiente natural a diferencia de cómo lo hacían los otros.

 

¿Hay una experiencia de lo trascendente (religiosa, espiritual, etc) que acompañe lo físico?

Hay gente que siente que yendo a la naturaleza se conecta con la pachamama, vuelve a ser una unidad con los espíritus del bosque, recupera ese vínculo visceral con la madre tierra… Yo no. Yo amo a la naturaleza, me siento a gusto con ella, pero también reconozco que la naturaleza es peligrosa, que hay riesgos, que la gente se muere en esto, y ahí no hay nada de madre tierra que “acoge” en sus entrañas. El monte Everest en su último segmento tiene más de 200 cadáveres, tampoco hay que verlo con un velo ilusorio de auto-confortarse y auto-consolarse, y esto que menciono también es muy heideggeriano: no tenemos que descansar en esto. Lo que importa aquí es la inquietud que hace que uno salga. Pues, ¿por qué uno sale? ¿qué busca afuera? Vamos a tratar de descubrirlo.

 

 

 

 

INFORMACIONES GENERALES                                                                                            .

Fechas: del 13 de agosto al 10 de septiembre de 2018

Horario: lunes, de 19:00 a 21:00 hrs.

Lugar de realización: Sala 3, Centro de Extensión UC (Av. Libertador Bernardo O' Higgins 390, Stgo. Metro U. Católica).

Contacto: Pamela Núñez /  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  / 22354 1461

 

+ Informaciones sobre el curso, AQUÍ.

 

 

MATRÍCULA Y DESCUENTOS                                                                                                  .

Valor matrícula: $90.000.-

DESCUENTOS

30%  Adultos mayores (60+); Ex.alumno/as de Extensión Filosofía UC
15%  Ex alumnos UC (Pregrado-Postgrados-Diplomados), funcionarios UC, profesionales de servicios públicos. 
10%  Grupo de tres o más personas de una misma institución, funcionarios empresas en convenio, ex alumnos-alumnos DUOC UC.
5%  Estudiantes de postgrado otras universidades

 

 

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