Instituto de Filosofía

Crónica visita Christian Pottgiesser

Coloquio "Cuerpos, Espacios, Movimientos: entre arquitectura, filosofía y danza"

Matías Rivas Vergara, Instructor adjunto Instituto de Filosofía UC 

 

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Con ocasión del Coloquio Internacional “Cuerpos, espacios, movimientos: entre arquitectura, filosofía y danza”, que ha tenido lugar durante los días miércoles 12 y jueves 13 del presente mes, hemos tenido la oportunidad de compartir algunas palabras con el arquitecto Christian Pottgiesser y con su esposa Pascale Thomas Pottgiesser, quienes además de presentar su trabajo y su particular visión de la arquitectura y del espacio[1] , han tenido la gentileza de conversar con el grupo de estudio “Cuerpo y Lenguaje” durante este viernes 14 de diciembre.

 

Tanto en su exposición en el coloquio como en la discusión sostenida posteriormente con el grupo “Cuerpo y Lenguaje”, Christian Pottgiesser valoró mucho el vínculo que puede establecerse entre filosofía y arquitectura, el cual se produce a partir del encuentro de dos perspectivas de comprender el espacio. En este sentido, ambas se encuentran como dos líneas en un punto de confluencia que no sintetiza, sino que multiplica las fuerzas. Ya sea desde la geometría o desde el pensamiento, siempre trazando líneas y formas, tanto la filosofía como la arquitectura son saberes danzantes. La arquitectura es entonces, según palabras del propio Pottgiesser –y a modo de definición de sus propios proyectos arquitectónicos-, “una danza”: se trata del movimiento del espacio y del espacio mismo del movimiento.

 

Consultado acerca de si la arquitectura podía considerarse como un arte, el arquitecto evitó realizar una equivalencia, aludiendo más bien a un parecido fundamental en vez de a una identificación. Para Pottgiesser, la arquitectura es una disciplina híbrida, adaptable, moldeable como el espacio mismo y que sigue sus propios movimientos y líneas de fuga, que danza al ritmo de la geometría. En este sentido, y como pudo apreciarse a partir de la exposición de sus distintos proyectos, la arquitectura contemporánea no puede concebirse como una instauración de espacios, sino, al contrario, como un espacio de instauración, siempre abierto, nunca cerrado por una única forma. Podría decirse incluso, si se nos permite una interpretación libre de las palabras de Christian Pottgiesser, que la arquitectura es una actividad que no cesa, que no cierra, ya que se mantiene con vida en su propio movimiento. Moviéndose, la arquitectura mueve y es movida por el espacio. De ahí que sea una danza, la corporalidad de la geometría, un cuerpo que interactúa en todo su límite y siempre en acto de creación.

 

Cabe pensar entonces si no es la arquitectura el resultado mismo de las ponencias y discusiones que han tenido lugar durante los dos días de coloquio. Punto de confluencia de cuerpos, espacios y movimientos, la arquitectura es la danza del cuerpo que piensa, de la geometría que instaura, pero que no cierra, que crea, pero que no tiene su fin en la obra. Justo allí, en el punto gris entre filosofía y danza, la arquitectura nos muestra el hacerse cuerpo del cuerpo como espacio, su diagramación en movimiento, su ritmo, vibración y resonancia. Si Christian Pottgiesser nos dejó como despedida su confesión de que estas jornadas de reflexión han cambiado su forma de ver la filosofía, también nosotros tendríamos que confesar que ya no pensaremos la arquitectura del mismo modo que antes. Desde ahora en adelante, habrá que danzar la geometría.

 



[1] En el siguiente link pueden revisar los proyectos que realizan y han realizado Christian Pottgiesser y su esposa Pascale Thomas Pottgiesser: http://www.pottgiesser.fr/christian_pottgiesser_architecturespossibles/enter.html