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Instituto de Filosofía

[Entrevista] Ganador del PRED 2019, Vicente García-Huidobro: En Filosofía UC podemos avanzar mucho y ayudar a que esta disciplina se abra a innovar en sus metodologías de docencia

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Para el recientemente galardonado con el Premio a la Excelencia Docente 2019 Vicente García-Huidobro,  las dificultades de enseñanza ocasionadas por la pandemia se pueden volver en una oportunidad para revitalizar el lugar de la filosofía para conectarla con la sociedad.

Califica su labor lectiva como un “trabajo silencioso”. El profesor del Instituto de Filosofía UC, Vicente García-Huidobro forma parte de los 26 docentes que fueron reconocidos por la Pontificia Universidad Católica de Chile por su entrega y por sus aportes a la innovación al momento de aplicar sus conocimientos con el Premio a la Excelencia Docente 2019 (PRED) que entrega la universidad a través del Centro de Desarrollo Docente de la Vicerrectoría Académica durante la inauguración del año académico que este año se realizó de manera online.

Hace siete años que García-Huidobro da clases de filosofía vinculada a temas de psicología y antropología tanto a alumnos de filosofía como de otras carreras UC. 

“Estoy convencido de que si uno personalmente está motivado con el tema y está desarrollando investigación de punta, eso se transmite directamente y los alumnos enganchan muchos”, comenta el filósofo UC al recordar el momento en que se le otorgó el PRED 2019.

“Pensé que no me lo iba a ganar, porque uno piensa que siempre hay gente más importante que uno, pero después se me comunicó que me había ganado el Pred y para mi fue en verdad un reconocimiento muy bonito”, agrega.

¿Cómo responden los contenidos que impartes a la Misión de la Facultad?

En primer lugar, responde al fomento de la formación interdisciplinaria. Yo estudié Psicología y Filosofía y me desempeño como psicólogo y como académico en Filosofía. Pienso que contar con un perfil profesional que ofrezca un dominio de temas múltiples disciplinas es muy enriquecedor, sobre todo si se le quiere dar énfasis a la investigación interdisciplinaria. Igual es duro, porque es un camino que no es fácil. Hay que estudiar el doble, pero la universidad lo quiere fomentar y lo busca. El reconocimiento en este sentido ha sido al esfuerzo en formación. 

Por otra parte, hay una arista bien profunda que tiene que ver con la conexión con la sociedad y con conectar con los intereses íntimos y personales que están también presentes a la base de lo que se ha vivido como país dentro del último año. A fin de cuentas, preguntas sobre las formas de vida que estamos teniendo, si vivimos bien así, si estamos contentos con este estilo de vida. En el fondo son preguntas que tienen un abordaje político, económico pero también tienen que ver con cuestionamiento personal, de orden vital, existencial incluso y que muestra lo que la gente está buscando en este momento. 

Finalmente los contenidos conectan con lo que se podría esperar de una universidad confesional. Ahora bien, la espiritualidad no es algo exclusivo de la religión, es algo transversal. La religión católica tiene una forma particular de espiritualidad. Tiene su historia, su tradición, pero este es un tema transversal en el que la universidad se puede abrir al mundo también con una propuesta de vida y de formación. Creo que hay que leer de esta manera los cursos de formación que realiza el Instituto de Filosofía. Son programas que podrían conectar con la búsquedas reales y concretas de los estudiantes en este momento. Muchos alumnos me han dicho "Qué raro este curso" "Ha sido el curso que más me ha motivado en la universidad, que ha conectado más con los intereses que tengo". Ésto abre una posibilidad para la Escuela de Filosofía muy grande y también con el área de extensión, que está en contacto con el resto de la gente. 

 

¿Cómo ves tú la dinámica, la actitud de los alumnos que acuden a tus cursos considerando la dinámica digital y el contexto de pandemia que está atravesando el mundo? 

Lo puedo dividir en dos planos. Por una parte está la planificación de los cursos. Creo que la flexibilidad y por otro lado, un mínimo de requerimientos son relevantes. Estos son aspectos en los que hay que tener prudencia de un punto intermedio. Desde luego, hay que tener cuidado de que no suceda que, por la nueva situación, la gente apruebe los cursos casi como por secretaría, pero tampoco es la idea ponerse en una perspectiva muy rígida que no entienda la situación de cada uno de los estudiantes, pues éstas son muy variadas. La UC ha cambiado mucho para bien, se ha convertido cada vez más en una universidad más diversa gracias a la gratuidad. Eso implica atender esas distintas realidades, adaptar las evaluaciones y ver que los alumnos pasen los cursos teniendo los conocimientos necesarios. Creo que algunos de los problemas ocasionados por la pandemia se han transformado en una tremenda oportunidad a la que la universidad ha podido responder muy bien. Lo rápido que se adecuó la tecnología, proveyendo computadores, internet y pautas de apuntes han sido muy importantes para muchos estudiantes. 

¿Y cómo ve que se ha adaptado la filosofía en un contexto digital?

Yo creo que esto puede ser a la larga una oportunidad para innovar en los métodos pedagógicos y en Filosofía eso viene muy bien. Casi todo el resto de las facultades ya están en Canvas mucho antes que Filosofía, no sé por qué razón. Seguramente pensando que los métodos de Filosofía son más antiguos, y ahora estuvimos todos obligados a aprender a usar  Canvas y a hacer clases en Zoom. Todo ésto implic más trabajo, pero puede dar un resultado bien positivo. Si uno está con ese buen espíritu, los alumnos te lo reconocen al tiro y la disposición en clase termina siendo muy positiva. En Filosofía UC podemos avanzar mucho y ayudar a que esta disciplina se abra a innovar en sus metodologías de docencia, y que pase de ser una especie de castillo antiguo que habla de temas ajenos a la sociedad, a un actor mucho más activo, con metodología que está más a disposición. Por ejemplo, he estado haciendo el curso de extensión online y viendo autores que son filosóficos pero a base de inquietudes y de preguntas existenciales que se hacen personas que tienen de 20 a 60 años y comparten en torno a ellas. Ésto revitaliza completamente la función de la filosofía. Ese es el punto: revitalizar el lugar de la filosofía en la sociedad, conectarla con la sociedad, con sus intereses y con la forma en la que opera. No verla negativamente, sino que abrirse a ella.