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Instituto de Filosofía

Eutanasia y autoengaño

20210708 ProfesoraCarrascoSeñor Director:

En un país tan inequitativo como Chile, es lamentable que se promueva una ley de eutanasia cuyo único resultado a largo plazo será aumentar la brecha entre los que pueden vivir y morir dignamente, y los que tras una vida llena de carencias se ven forzados a elegir (¡en nombre de la dignidad! ) entre los dolores insoportables de la enfermedad o la inyección que apura su muerte.

Como política pública para un país pobre, la eutanasia es escandalosamente regresiva. Nadie quiere pasar sus últimos días sufriendo y consumiendo los escasos ahorros de su familia. Los sectores más acomodados no tienen esa preocupación. Respecto del sufrimiento, están los cuidados paliativos que aunque pueden llegar a ser muy caros (según su grado de sofisticación y cantidad de profesionales involucrados), son de gran eficiencia. Respecto de los ahorros, no tienen el problema porque no son escasos. Los sectores acomodados piden la “libertad para elegir”, mostrando una ceguera o una insensibilidad social que espanta.

El día en que sea lícito solicitar la eutanasia, ¿qué hará don Juan, con enfermedad degenerativa invalidante, incapaz de aportar para la comida de su casa y que ve, al contrario, que la mitad de lo que consigue su señora es para sus remedios? ¿ Qué pasará por la mente de doña Juanita cuando se dé cuenta de que su marido, ya viejo y jubilado, hipotecará la casa para pagar su tratamiento? ¿ Qué pensará la abuela, postrada en la residencia, cuando han pasado meses desde la última vez que fue su sobrina y que escucha que hay una larga lista de espera para entrar al hogar? ¿Qué ideas tendrá el deportista que acaba de quedar tetrapléjico con dos hijos que todavía no han empezado el colegio?

La eutanasia es precisamente para ellos: para los que necesitan ayuda, para los que necesitan dinero, para los que necesitan apoyo y necesitan amor. Ellos, los grandes “autónomos” que tendrán el “privilegio” de “honrar” su libertad, porque nosotros -quienes podíamos dar ayuda, dinero, apoyo y amorhemos decidido autoengañarnos para no buscar soluciones justas y dignas para todos. ¡Allá ellos!

Autor: M. Alejandra Carrasco Instituto de Filosofía, Centro de Bioética PUC

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