Mesa de Diálogo: Editoras y Colaboradores “Filósofas en con-texto”
En el marco del congreso “Filósofas al borde del pensar androcéntrico”, organizado por alumnos de pregrado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se realizó la presentación del libro: Filósofas en con-texto, (P. González, P. Soto., C. Sánchez, V. Bulo, M. Peña, G. Burlando (Eds). Valparaíso: Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha, Dic. 2016, 268 pp.) comentado por la […]
En el marco del congreso “Filósofas al borde del pensar androcéntrico”, organizado por alumnos de pregrado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se realizó la presentación del libro: Filósofas en con-texto, (P. González, P. Soto., C. Sánchez, V. Bulo, M. Peña, G. Burlando (Eds). Valparaíso: Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha, Dic. 2016, 268 pp.) comentado por la Dra. Carolina Bruna (U.CH), Dra. Ángela Boitano (UDP) y el estudiante Bastián Aedo (PUC). Terminado el evento, logramos organizar una mesa de diálogo entre las editoras y colaboradores del libro que se hallaban presentes
Entrevista por: Megan Zeinal
Por cierto, ¿Cómo surgió el propósito de este libro en conjunto? ¿Cómo fue el proceso de traerlo a la escritura?
María Isabel Peña
Creo que es importante subrayar que el germen del libro fue el encuentro que tuvimos entre nosotras, colegas de diferentes universidades, con el firme propósito de trabajar y hacer un encuentro de filósofas actuales que estén en la academia y que tengan la inquietud de recuperar el pensamiento filosófico de muchas otras mujeres, así como de plantear problemas de las teorías feministas. En principio, teníamos esos objetivos en mente y eso sólo ya fue una experiencia estupenda. Muchas de nosotras no nos conocíamos, teníamos especialidades diferentes, formas de trabajo distintas, y no siempre todas estábamos de acuerdo en todo, sino que los acuerdos muchas veces llegaron tras debates largos y revertidos. Ahora, tener el libro en las manos es muy bonito, pero esas experiencias, las del trabajo en común entre nosotras, para mí fueron las más importantes. Ha sido una experiencia que nos ha dado la oportunidad de visibilizar y de trabajar en solidaridad. En referencia al título, se escogió hacer el juego con el contexto, una cosa que en alemán se hace mucho y que era importante para destacar a las filosofas contextualizadas en todos sus momentos y situaciones, como saberes situados. Pero además como un homenaje a las filósofas, unas más olvidadas, otras menos. El contexto es también la publicación en un canon de filosofía, en el que bien podrían formar parte, pero del que estuvieron y aún están muy ausentes.
Patricia González
Una de las cosas que rescato, tras una invitación que me hizo Valentina Bulo, que nos convocó a nosotras, que somos de Valparaíso, es que tuvo el gesto de descentralizar los ejercicios filosóficos, de querer conocer qué era lo que estábamos trabajando las mujeres instaladas en la academia porteña. Es un gesto que valoro, porque para mí es importante abrirse a otras voces, no sólo a voces de otro género en la filosofía, sino también a voces de otro lugar que no es la capital. Lo otro que fue muy interesante, fue el proceso de decisiones, de debatir cuáles iban a ser los temas, cómo íbamos a formalizar e intentar conceptualizar problemas tan distintos como lo es la sub representación de las mujeres, el pensamiento de lo femenino, del género, pero además llevados a otros ámbitos como la academia, la filosofía y la enseñanza en general. Se intentó tomar distintas aristas que demandaban una mirada crítica y divergente trayendo voces que no son siempre convocadas en estas discusiones.
Pamela Soto
Yo recuerdo con mucha alegría todas nuestras reuniones, porque implicó conocer a filósofas trabajando y sentirnos menos solas. Durante muchos años fui la única mujer en el Instituto de la Universidad Católica de Valparaíso, además trabajando filosofía escrita por mujeres y no fue fácil hacer un lugar a ese tipo de pensamiento, como tampoco hacerme un lugar en la institución. Empezar a dialogar y compartir con mujeres que tenían devenires similares a los míos, abrirnos a otras temáticas, hablar de filosofía entre nosotras fue muy agradable. En relación a la construcción del cronograma del congreso de Filósofas en Chile, entre todas fuimos buscando filósofas y filósofos que llegaran a tener sensibilidad en estos temas y llegaran a aportar a la discusión. El trabajo duró como un año: primero conociéndonos, armando confianzas y, a partir de eso, fuimos organizándonos para levantar un primer congreso. Estábamos buscando trabajar en red y después del coloquio logramos también hacer actividades entre nosotras, invitándonos unas a otras, armando otros circuitos de discusión.
Cecilia Sánchez
Por mi parte me interesa destacar que, cuando se habla de filosofía hecha por mujeres, se piensa en algo homogéneo, y se pasa por alto que las mujeres somos muy diversas, así como también los trabajos que hacemos son muy diversos. Por eso destaco la importancia, de ir discutiendo la cuestión de la singularidad y la pluralidad. En cuanto a mi experiencia en la academia me tocó también estar sola y ser la única mujer de un grupo, lo cual es muy extraño. Se vive una extrañeza.
Braulio Rojas
No participé de la organización pero soy colaborador. Me invitaron y acepté con gusto porque tenía una deuda filosófica con la profesora con la que me formé. Me marcó mucho que tras su muerte fuera completamente borrada de la memoria institucional, y que, para peor, después nunca más se haya realmente incluido a una mujer en el staff académico hasta la fecha. Tras esa experiencia sentí la necesidad de hacerme cargo de la deuda filosófica con esta mujer brillante. Así fue como terminé participando en tres cosas: en el coloquio, en la discusión sobre el libro y en el envío de un artículo más general sobre la situación de las mujeres en Chile en filosofía a la revista Clepsydra de estudios del género y teoría feminista española de la Universidad de la Laguna. En ese artículo no trabajo en específico la cuestión puntual de la profesora, sino la problemática en un sentido general. En lo que respecta a la colaboración con la escritura de éste libro puedo decir que tuve una experiencia muy agradable y enriquecedora. Me sentí bien recibido en esta comunidad de mujeres.
Marcos Aguirre
Si bien no formé parte de la organización, cuando me invitaron y me dijeron que también podían participar hombres, sugerí que me interesaba la cuestión de las feministas que criticaban a un pensador alemán y lo analicé desde las limitaciones de la democracia contemporánea. Conectando con lo que decía Cecilia, debo decir que no comparto una teoría esencialista de la mujer o el hombre. Justamente una colega mujer, que se llama Claudia Zapata, escribió un extraordinario libro sobre los intelectuales indígenas. Lo traigo a cuestión porque creo que también se aplica a esta situación. El intelectual indígena no es el intelectual rural que no escribe o que se restringe a una cultura oral, sino que escribe, es médico, y está inserto en todo tipo de actividad. No existe una categoría pura que habría que rescatar o alcanzar, y menos de la mujer como otro, o de la mujer como lo otro. Tampoco compartiría esa visión. Eso de femenino y masculino es una identidad rígida que, más que preservar, habría que dejar atrás.
Giannina Burlando:
Por mi parte puedo decir que, para continuar con la línea discursiva abierta por el Encuentro Nacional de Filósofas en Con-texto, del año 2014, coordinamos a fines del 2016 un ciclo sobre Género y Humanidades, auspiciado por la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidades Católica en conjunto con la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Esta vez, el encuentro fue interdisciplinario y se enriqueció la literatura de género, en temas como el de las nuevas masculinidades, la mujer como casa de la sabiduría, la ingeniería como profesión de las mujeres y las diversas violencias de género en las universidades. Esta actividad inter-académica a nivel nacional, fue otro subproducto de los encuentros de las filósofas en con-texto. El libro que hoy lanzamos es un resultado concreto del esfuerzo sostenido por conocer nuestra identidad profesional en el contexto académico chileno, como propio con-texto que hacemos las mujeres en filosofía. Otro de los temas impulsados, por estas discusiones que estamos teniendo las mujeres, es el de la normalización positiva en la filosofía, es decir si tenemos espacio para ser aceptadas en el ambiente académico actual, doblemente sesgado, por la cultura machista y la profesión intelectual. De hecho, Cecilia Sánchez y otras autoras, lo han discutido mucho, pero todavía no se completa suficientemente en las prácticas políticas. Esto implica que debemos seguir desarrollandonos a partir de esa positiva normalización. Para mí ha sido muy estimulante que el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica acogiera las preocupaciones por lo público en nuestro país, y desde ahí, poder incluir la discusión de temas centrales de la filosofía y la praxis, y del feminismo, como parte de la actual discusión de filosofía política y de teorías de justicia. Este último evento, lo coordinó la consejería de los alumnos de Filosofía de la Universidad ellos mismos lo han denominado con el título de: “Filósofas al borde del pensar androcéntrico”, con un claro efecto de resonancia sobre los temas discutidos sobre género y humanidades y que se vienen organizando por los estudiantes que participan y asisten con interés.
Por otra parte, el libro presenta una experiencia que tuvieron religiosas católicas, como Sor Juana Inés de la Cruz y Edith Stein, grandes intelectuales que en su tiempo sufrieron de discriminación y de violencia epistémica en el ejercicio profesional de la filosofía, lo cual está ampliamente documentado en la literatura crítica. Tras haber trabajado en diversas áreas de la disciplina, puedo decir que la experiencia de ser mujer en filosofía es una experiencia de resistencia. Mi interés en todo caso, ha sido siempre contribuir a que, en un ambiente laboral relacionado con las experiencias cognitivas, se fortalezca la cooperación mutua con un lenguaje asertivo en la diferencia.
Por último como co-editora, puedo decir que el trabajo de edición de este texto fue laboriosa, ya que cooperamos en red, con una cadena de posta de relevos. Los escritos fueron también sometidos a evaluaciones formales externas por la Editorial Puntángeles de la UPLA. El resultado fue un ejercicio de imaginación social compartida y también diversa, porque somos mujeres individualmente diferentes, con formaciones generacionales distintas, pero que logramos interactuar y compartir un sentido de justicia que se ve no sólo reflejada en la elaboración de lo publicado, sino también por la dedicación de toda una vida a la disciplina de la filosofía. Creo que hablo por todos los presentes cuando digo que tenemos la firme intención de continuar en este compromiso para seguir trabajando en conjunto.
Hay un punto álgido con respecto a si ser pesimistas u optimistas a la hora de pensar un cambio de paradigma, para la modificación de las políticas sobre el género en las instituciones, pero lo que ocurrió estos días -un congreso sobre estos temas, organizado por los estudiantes-, muestra lo mejor situadas que están las nuevas generaciones. Nuestra comunidad de mujeres en filosofía ha tenido una actitud casi heroica y de inquebrantable paciencia para colaborar en la vida de la actual institucionalidad. Finalmente, no puedo ser pesimista y quiero ser realista para agregar una cuota de esperanza que puede abrir nuevas puertas para cambiar actitudes y optimizar las relaciones laborales, pues ahora son los estudiantes los que están exigiendo que se incluya al pensamiento feminista en la malla de estudios humanísticos.