Profesora Giannina Burlando es reconocida por la UC en el Día de la Trayectoria Académica por 30 años de docencia
La profesora fue homenajeada por su dedicación profesional el 29 de agosto en el Salón Juan Francisco Fresno, junto a otros 112 docentes que han entregado más de 25 años de sus vidas a la enseñanza universitaria.

La ceremonia del Día de la Trayectoria Académica es realizada cada año con el obejtivo de reconocer la carrera de los profesionales que han perseverado en el camino de la docencia dentro de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Para el rector de la UC Juan Carlos De La Llera, este reconocimiento no solo va destinado a destacar la constancia y disciplina necesaria para construir una carrera, también se busca resaltar la pasión por enseñar de cada uno de los profesores premiados.
“Porque toda trayectoria se construye con tiempo, con constancia, con paciencia, lealtad y foco que exige la academia. Pero también con algo más, con gusto, con verdadera pasión y con gratitud. Porque solo cuando a uno le apasiona lo que enseña e investiga, puede transmitir ese entusiasmo. Encender la curiosidad de un estudiante, despertar en él o ella la voluntad de seguir explorando por sí mismo”, expresó la autoridad al comenzar la ceremonia.
Para la profesora Giannina Burlando de la Facultad de Filosofía UC, la pasión por enseñar siempre ha estado ligada intrínsicamente a las razones por las que se dedicó a la disciplina de la Filosofía. Mientras estudiaba en un Liceo fundado por Gabriela Mistral, recuerda su primera lectura de “El existencialismo es un humanismo” de J.P. Sartre. Tal fue el impacto de esta obra que se sintió impulsada a querer comprender la existencia humana de una manera más profunda. “¿Que querían decir los términos con que Sartre describía la existencia humana en su inmediata experiencia?, ¿Qué significarían las experiencias de la angustia, ansiedad, desesperación, de desamparo o de auto- extrañamiento? o mejor: ¿a qué conduce la experiencia de ser libre?”, se preguntaba. Así, tales interrogantes la llevaron a dedicarse a la Filosofía y a no solo al análisis teórico de la experiencia humana, sino que a estimular el pensamiento en sus estudiantes. “En mi práctica docente he procurado incentivar nuevas preguntas y reformular las viejas preguntas filosóficas. Efectivamente, es la misma historia de la filosofía la que conlleva un designio pedagógico intrínseco, ya que con sus métodos y herramientas colabora a la formación integral de los alumnos universitarios, es decir, al desarrollo de habilidades cognitivas, morales y sociales”, explica la profesora.
Dentro de su reconocida carrera como académica, rescata como primer hito importante sus estudios de Licenciatura en Filosofía en el Departamento de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, donde fue ayudante en el área de la Historia de la Filosofía Medieval en la cátedra dictada por el profesor Humberto Giannini. Posteriormente, recuerda gratamente sus estudios superiores y haber obtenido los grados de Master of Arts y Doctor of Philosophy en la Ohio State University (OSU), en Estados Unidos. Allí completó el programa del doctorado y trabajó en calidad de Graduate Associate, desempeñándose e como Teaching Assistant en los cursos de: Beginning logic, Medieval Philosophy, Modern Philosophy y Philosophy of Religion. La profesora recuerda con especial estima a dos maestros fundamentales en su formación en la Universidad Estatal de Ohio: Ivan Boh, polímata y lógico medievalista, quien le abrió por primera vez el camino hacia la obra de Francisco Suárez, y Tamar Rudavsky, cuya rigurosa enseñanza en filosofía medieval marcó de manera decisiva su trayectoria académica. Asimismo, valora las contribuciones de otros docentes de la tradición analítica que enriquecieron su formación, entre ellos George Pappas, Robert Kraut, Alan Hausman, Stephen Boer, Donald Hubin, George Shumm y Daniel Farrell.

La profesora considera un punto de inflexión en su trayectoria la adjudicación de su primer proyecto Fondecyt posdoctoral (1994-1996), como investigadora principal, en el que abordó la controversia escolástica sobre el preconocimiento de los futuros contingentes y la teoría de la scientia media en la obra de Suárez. En paralelo, ingresó por un concurso público a la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde ha desarrollado una extensa carrera como docente e investigadora.
En el ámbito de la extensión, destaca el primer Coloquio sobre Filosofía Medieval en 1997, cuyo resultado fue la publicación del volumen Filosofía Medieval de la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía (Trotta, 2002). Posteriormente, coordinó dos importantes Congresos Latinoamericanos de Filosofía Medieval: el X (2005), que reunió a más de 220 académicos de diversos países y dio origen al libro De las pasiones en la filosofía medieval (Brepols/PUC, 2009), y el XV (2015), que congregó a más de 120 especialistas internacionales y cuyos trabajos se publicaron en la revista Aporia.
A lo largo de tres décadas en la UC, la profesora ha desarrollado una destacada labor en docencia, investigación y organización de eventos internacionales, con más de 60 publicaciones y un compromiso permanente con la enseñanza de la filosofía medieval y moderna. Actualmente es parte de nuestra planta adjunta, dictando cursos de formación general, luego de haber sido parte de la planta ordinaria hasta 2019.
Para la docente, recibir este reconocimiento institucional de la Pontificia Universidad Católica de Chile constituye una ocasión de gratitud y balance. “Me permite extender mi respeto y agradecimiento por este reconocimiento a mi trayectoria académica”, señaló, destacando también a los maestros nacionales e internacionales que marcaron su formación, así como a “mis alumnos, ayudantes, al personal administrativo y a mis colegas de filosofía, estética y teología con los que he trabajado”. La profesora quiso subrayar, además, el apoyo cercano de sus afectos: “Doy gracias por la comprensión de mi familia y amistades, quienes confiaron en el valor de mi trabajo y mi servicio docente entregado a la comunidad universitaria”. Finalmente, al reflexionar sobre el sentido de la distinción, compartió una metáfora que la acompaña desde su estudio de la tradición clásica: “El presente reconocimiento simboliza para mí algo semejante a aquellas ramas de laurel transfiguradas en el mito de Apolo y Dafne… lo recibo con sincero recogimiento, emoción y esperanza, vale decir: dum spiro, spero (mientras respiro, tengo esperanza)”.

Al ser consultada sobre qué mensaje entregaría a quienes recién inician la vida académica, la profesora fue clara en señalar que se trata de un camino exigente, pero reconfortante. “Las carreras académicas comprometen la inteligencia emocional y social de cada persona, y ponen a prueba la resiliencia, la paciencia y la perseverancia en el trabajo individual y colectivo”, afirmó. En el caso particular de la filosofía, invitó a los jóvenes investigadores a “prepararse espiritualmente para una larga y ardua aventura de aprendizaje sistemático, cultivar las relaciones entre discípulos y maestros, y descubrir las corrientes y figuras del pensamiento que mejor los representen”. También subrayó la importancia de situar las ideas en su contexto histórico: “Esforzarse por comprender las grandes transmutaciones epocales permite reconocer cómo la historia de la filosofía contribuye al desarrollo de la Filosofía misma”. Finalmente, resumió el sentido profundo de esta vocación como “un horizonte abierto de reflexión y acción humanista constante, desde donde, en calidad de profesores, podemos enseñar y aprender a ser mejores en beneficio de nuestra sociedad”.